Mi esperanza se ve afectada por emociones nada agradables... Aunque en mi ojos
se encuentran los sueños que algún día se harán realidad, el presente rodea mi
alma y las preguntas que le hace sólo tienen respuestas hacía el misterioso
laberinto de la fe.
...Porque cada tres pasos que doy se me es necesario obligar a los tendones a no pensar, a mis ojos a no cerrar y mis labios a no callar... ¿Qué hay detrás de las cuatro paredes de este jardín de barro?
Pasaron los años. Si el tiempo no avanza de seguro mis manos y voz ya hubieran muerto.
Intente contemplar el aroma de las rosas que, en mi torpe visión, parecían querer llamar mi atención como cuando esperan salir el sol para recibir algo.
Sólo recibí lo que en lo más profundo de mi corazón temí. Rechazo.
Es que ¿Acaso no es bíblico dicho acontecimiento? Sin embargo, algo más hay detrás de todo esto.
Sin esperarlo una pequeña flor, diría que una pequeña, dulce y tierna flor de cerezo no se llena de temor al verme, (Ya para ese entonces me sentía y no sé si aún me siento como el Jorobado de Notre dame). Tal vez diría que sintió curiosidad al ver algo tan raro. Ella me dio permiso de acercarme y conocer sus hermosos y delicados colores que la hacían tan llamativa. Al principio tuve miedo y sólo lo hice por hacer.
Por un instante escuché una bella melodía que acompañaba cada segundo que pasaba, ¿Sería válido mencionar que la sensación era como si cayeran sus hermosos pétalos sobre mi triste vestuario, sucio y de olor desagradable? Era algo agradable... Aún no puedo creerlo, aún pienso que no es mi realidad.
Las manecillas del reloj me saludaron irónicamente y con un gesto de indiferencia huyeron de mí. Fuertemente les pregunté ¿Por qué no se ponen en mi lugar? Llorando agaché mi cabeza y caí arrodillado...
No sabía por qué lloraba, sentía pena por mi mismo y a la vez rabia por quien me estoy convirtiendo...
Parece mentira, pero todos los días al descansar el sol de su arduo trabajo, la pequeña flor de cereza sale de su jardín y comienza a danzar a mi alrededor, despliega sus pétalos y me da el privilegio de ver los diferentes resplandores de su belleza, rosado, azul, blanco... En fin. Todos tan brillantes y mágicos, tantos que son irresistibles a la hora de contemplarlos...
...Porque cada tres pasos que doy se me es necesario obligar a los tendones a no pensar, a mis ojos a no cerrar y mis labios a no callar... ¿Qué hay detrás de las cuatro paredes de este jardín de barro?
Pasaron los años. Si el tiempo no avanza de seguro mis manos y voz ya hubieran muerto.
Intente contemplar el aroma de las rosas que, en mi torpe visión, parecían querer llamar mi atención como cuando esperan salir el sol para recibir algo.
Sólo recibí lo que en lo más profundo de mi corazón temí. Rechazo.
Es que ¿Acaso no es bíblico dicho acontecimiento? Sin embargo, algo más hay detrás de todo esto.
Sin esperarlo una pequeña flor, diría que una pequeña, dulce y tierna flor de cerezo no se llena de temor al verme, (Ya para ese entonces me sentía y no sé si aún me siento como el Jorobado de Notre dame). Tal vez diría que sintió curiosidad al ver algo tan raro. Ella me dio permiso de acercarme y conocer sus hermosos y delicados colores que la hacían tan llamativa. Al principio tuve miedo y sólo lo hice por hacer.
Por un instante escuché una bella melodía que acompañaba cada segundo que pasaba, ¿Sería válido mencionar que la sensación era como si cayeran sus hermosos pétalos sobre mi triste vestuario, sucio y de olor desagradable? Era algo agradable... Aún no puedo creerlo, aún pienso que no es mi realidad.
Las manecillas del reloj me saludaron irónicamente y con un gesto de indiferencia huyeron de mí. Fuertemente les pregunté ¿Por qué no se ponen en mi lugar? Llorando agaché mi cabeza y caí arrodillado...
No sabía por qué lloraba, sentía pena por mi mismo y a la vez rabia por quien me estoy convirtiendo...
Parece mentira, pero todos los días al descansar el sol de su arduo trabajo, la pequeña flor de cereza sale de su jardín y comienza a danzar a mi alrededor, despliega sus pétalos y me da el privilegio de ver los diferentes resplandores de su belleza, rosado, azul, blanco... En fin. Todos tan brillantes y mágicos, tantos que son irresistibles a la hora de contemplarlos...
Esto es de no creer, pues no soy de aquellos que
creen que de la noche a la mañana un feo sapo se convierta en un príncipe. Eso
solo sucede en cuentos.
Pero ¿Por qué la pequeña y hermosa flor de cerezo
confiaría en mí? Yo, un títere de papel que no tiene mucho tiempo de vida,
débil y lleno de esperanzas caídas. No tengo nada para ofrecerle, si quisiera
mis lágrimas que es lo que mas tengo en abundancia no se las daría, pues
podrían transformar su mundo de colores, a blanco y negro.
“…Se te hace tarde pequeña flor de cerezo, tienes
que irte, pero antes, dime ahora ¿qué quieres que haga?” siento que no
alcanzaré a dormir hoy. En algún rincón de mi corazón de papel sé que hay un
poco de ilusión, la cual tú has mantenido con vida a través del aroma al
danzar. Esta se encuentra en mi universo, donde a veces sueño y pienso con
certeza, que no habrá nadie en este mundo que haga que mis ojos brillen como lo
haces.
¿Qué me queda hacer sino puedo dormir? El insomnio
se convierte en mi compañero de cuarto y con sus palabras intenta convencerme
para que sueñe que estamos abrazados por un largo e interminable tiempo.
…No quiero obligar a tu inocencia a perderse por
unos minutos ahora, pero quisiera que me miraras a los ojos hoy, tengo una
ansiedad escondida por descubrir tu corazón y enseñarte el mío.
No sé cómo vuelas y aunque yo no pueda seguirte,
desde aquí abajo te cuidaré.
“…Ojalá estés leyendo esta poesía, porque de verdad
quiero agradecerte. Te doy gracias porque aún mantienes brillando la ilusión
que hay en mi corazón con tu sonrisa…
Porque aunque no tengo alas me has puesto a volar
con tus palabras…
Porque tu mirada me muestra el mundo en su máxima
expresión de ternura…
Porque cuando te veo saltar se derrite mi alma al
conocer tanta dulzura…
Porque simple y verdaderamente eres hermosa…
Porque no sé cómo, ni mucho menos el por qué, pero
me sabes comprender…
Porque las veces que unimos nuestros corazones me
he quedado sin palabras por la emoción que invaden mis sentidos, te has
mostrado como la flor más preciosa y delicada que existe. Y lo has hecho solo
para y por mí…
Porque me miras diferente a los demás…
Porque me miras y punto…
Porque te he escuchado llamarme “amor, mi rey o
cariño” en diferentes ocasiones… Créeme, me he sentido así cuando lo dices… Y
eso es un detalle muy especial de tu parte.
Porque has llegado a mi vida y si que de mi corazón
no saldrás… Por eso y más, Gracias mi pequeña y hermosa flor de cerezo…
Att.: Alguien de papel.
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